sábado, 28 de febrero de 2009

Pensando


EINSTEIN
The most beautiful experience we can have is the mysterious. It is the fundamental emotion that stands at the cradle of true art and true science…( La mejor experiencia que podemos disfrutar es el misterio. Es la función básica que sostiene el verdadero origen del arte y la ciencia auténticos.)



PROTÁGORAS
Si Protágoras tiene razón, nadie sabe más que otro hombre. No sólo Protágoras es tan sabio como los dioses, sino lo que es más serio, no es más sabio que un tonto. Además, si los juicios de una persona valen igual que los de otra, la gente que juzga que Protágoras se ha equivocado podrá tener tanta razón como él.

ARISTÓTELES
Cada virtud es un medio entre dos extremos.


Dedicado a María de "Observando", con afecto
Imágenes de: Franziska

Alcalá de Henares, 28 de febrero de 2009

viernes, 20 de febrero de 2009

Del negro al azul




Todo sucedió justo cuanto estaba más decidida a quitarme la vida. Recuerdo que estuve sentada en la arena de la playa. Vestida. Sólo me había descalzado. Estuve llorando mucho tiempo o el tiempo del dolor se hace muy largo. La idea de avanzar mar adentro, para acabar con tanta desesperación, cada vez cobraba en mí una mayor intensidad. Nada más que un pensamiento ocupaba mi mente. ¡No te quiere voceaba el viento, no te quiere repetían las olas que llegaban a la orilla! Voces enredadas en una monotonía machacona e insistente me golpeaban sin piedad.
Alguien del grupo me grito:
--¡Vamos. Te estamos esperando…El autobús tiene que salir!
Mi tristeza era tan evidente que, sin que yo cayera en la cuenta, tenía a todo el mundo pendiente de mí. Seguramente fue este motivo el que impulsó a Urzanki, un compañero de la delegación de Bilbao, un hombre con edad casi de ser mi padre, a no dejarme sola.
Pero esto no sucedió hasta que no llegamos al restaurante de Lisboa a celebrar una comida colectiva de todas las delegaciones. Me dejaba llevar como el reo que se dirige al patíbulo, sin embargo, en la comida estuve con el señor Urzanki y sus jóvenes compañeros. Consiguieron hacerme reír con sus chistes de bilbaínos. Los conductores de la caravana de autobuses: eran ocho, se estuvieron haciendo fotografías conmigo y gastándole bromas al que guiaba el autobús en el que yo viajaba. Este patito feo, de pronto, se convirtió en cisne. ¡La reina de los conductores de autobús! ¡La niña mimada de la delegación de Bilbao!

Aunque él estaba sentado no muy lejos de mí, yo no parecía existir para él. Es significativo recordarlo porque ni una sola vez me dirigió la palabra. Su presencia para mí en aquellos momentos de la comida que, como todos estos ágapes, duró horas, era como si hubiera ido a parar al fondo de un saco. De pronto, era una niña feliz con la presencia de ese padre regalado y que hacía gala de un ingenio y simpatía extraordinarios. Hasta que no terminamos no se acercó él a saludarme. Me dejó sorprendida. Tratándose de él se podía contar siempre con lo más inesperado. Los servicios estaban abarrotados, el señor Urzanki me ofreció que pasara al baño de su habitación. Entonces intervino él.
-Mejor en la mía, está en la planta segunda. Ahora mismo la acompañamos todos.
Así fue como, escoltada por cinco caballeros, llegué delante de la 234 del Gran Hotel Lisboa. Los sentimientos de ternura me invadían al pensar que estaba utilizando su mismo jabón y la toalla con la que él se secaría después. También dediqué un tiempo a acariciar los objetos de la habitación. ¡Cuánto significaba para mí todo lo suyo! Entre desear la muerte y estar completamente reconciliada con la vida, habían transcurrido sólo seis horas. El simple detalle de que se preocupase por mí me colmaba, en esos momentos, de felicidad. Al salir me dijo que había estado en Estoril esa mañana y que había ido dos veces al hotel a preguntar por mí. Pero yo tenía que regresar. Tuvimos que decirnos adiós
Los compañeros de autobús éramos un grupo de jóvenes entre los que estábamos únicamente seis mujeres y el resto eran muchachos de diferentes delegaciones. Recuerdo que, aquel día, después de la cena, salimos todos a dar una vuelta. Nunca he vuelto a sentir más ganas de bailar y de ir de fiesta que sentí aquella noche. Ante mi sorpresa, los chicos bostezaban. Dijeron que se sentían cansados y, además, al día siguiente teníamos el viaje de retorno.
Me quedé sola sentada en el jardín delantero del hotel. Ni tenía sueño ni me apetecía encerrarme en la habitación. Las luces de las ventanas tardaron poco en irse apagando. Nada se movía en el entorno. Una gran farola iluminaba la zona en la que yo estaba. Silencio y quietud. Se oía el canto de las chicharras. Al principio me movía con pasos lentos y acompasados con una música que sólo yo escuchaba; después, empecé a moverme con más energía y recorrí toda la zona de gravilla que rodeaba un pequeño estanque. Estaba bailando con él a la luz de la luna. Fue increíble. Él me sonreía y me miraba a los ojos. El baile y mi idilio se vieron sorprendidos porque uno de mis compañeros estaba en la ventana y llamaba, a voces, a otro para que viniera a verme bailar. Salí corriendo y no paré hasta verme dentro de la habitación. No importaba. Nada podía romper mi felicidad de aquel momento.

Atrás había quedado mi rostro triste. Resplandecía como si acabaran de darme brillo con polvo de estrellas. Ahora no me cabe la menor duda, mi semblante era alegre y acogedor. Por eso la actitud de mis compañeros cambió a la mañana siguiente. En pocas horas mi estado de ánimo había pasado del negro al azul más luminoso. La esperanza –esa absurda compañera de mi vida- volvía a reinar en mi corazón.

Cuando mi amiga Sara me preguntó que había pasado tuve que responder que nada había cambiado. Nada de lo esperado había pasado, nada. Él viajaba en otro autobús. Se alojó en Lisboa. A mí me tocó ir a Estoril.



Alcalá de Henares, 17 de febrero de 2009
Texto e imágenes realidos por Franziska

domingo, 15 de febrero de 2009

Las cigüeñas en Alcalá de Henares

Las cigüeñas y Alcalá de Henares o lo que es igual, las cigüeñas son ciudadanas, con todos sus derechos, en Alcalá de Henares.

Aman las torres de las iglesias y de la catedral, adoran habitar en los antiguos edificios históricos. Construyen sus nidos en lugares estratégicos: ellas saben por qué y para qué.
Han demostrado ser hábiles constructoras pues sus nidos resisten la fuerza de los vientos más agresivos. Son una seña de identidad de la ciudad que las acoge, desde siempre, con cariño y respeto. Deben disfrutar con el sonido de los campanarios y donde hay un símbolo de la cruz, se instalan sin dudarlo. Pueden tener problemas para conseguir una vivienda adecuada porque hoy he visto una posada sobre una antena de televisión de la cubierta de un edificio de cierta altura. Parecía vigilar el nido.

El mes de febrero pueden observarse el celo y las cópulas. En los meses de mayo y junio ya pueden verse en los nidos los pollos grandes y volanderos.
Nido sobre la Ermita de Santa Lucía




Parpar a dúo. ¿Se habrán enfadado?






Nido instalado en el Colegio-Convento de San josé de Caracciolos. Actualmente es la Facultad de Filología

Monasterio de las Bernardas. El convento fue fundado en 1618 por el Cardenal Bernardo Sandoval y Rojas, Arzobispo de Toledo, para religiosas de la orden Cisterciense.


Nidos en el interior de la Huerta del Obispo del Palacio Arzobispal

Muchas gracias, queridas cigüeñas, vuestra presencia humaniza la vida de los habitantes de Alcalá y de todas las personas que nos visitan.

Texto e imágenes: realizados por Franziska
NOTA IMPORTANTE: Haciendo clic sobre las imágenes se pueden ver a mayor tamaño. Creo que merece la pena.

Alcalá de Henares, 15 de febrero de 2009

lunes, 2 de febrero de 2009

El secreto




Ahora recuerdo que, al principio, no había más que niebla. Los recipientes de la basura quedaban alejados. La luz de la luna, oculta tras de las nubes, había desaparecido y era difícil orientarse. No sé por qué, todavía hoy, guardo la sensación de que los contenedores parecían haberse distanciado de su lugar habitual. No pasaba nadie por la calle. Sin embargo, una mujer, completamente vestida de negro y con el rostro casi tapado por una bufanda oscura, estaba junto al tanque de desperdicios.

Todas las familias del mundo se parecen. En la mía existía la costumbre de tirar la basura, justo después de la cena, y una vez que se había recogido la cocina. Mi madre decía que no quería alimentar cucarachas. Bajaba siempre después de terminar la película de la dos.
.
Con la imperceptible agilidad de una araña, la mujer desapareció como si se la hubiera tragado la noche. Me asusté. Abrí la tapa y dentro estaba aquella cabeza de hombre con los ojos abiertos. La solté en un estado de pasmo mezclado con un terror profundo. Salí corriendo. Sólo pensaba en alejarme. Resbalé. Estaba empezando a nevar. Entonces, la mujer de negro me sujetó fuertemente por los brazos al tiempo que me arrastraba hacia un banco. Por eso comprendí que había tomado la dirección equivocada. Muy furiosa me dijo:

-Siéntate y escucha, canalla…
¡No olvides que te conozco y sé muy bien dónde vives y quienes son tus padres! Ahora, cuando subas, no dirás ni una palabra de lo que acabas de ver si no quieres que tú y tu madre acabéis con vuestra cabeza en el contenedor.

Será mejor que le cortes la lengua. Oí que alguien decía a mis espaldas.
Entonces fue cuando vi aquella terrible navaja muy cerca de mi cara.

-¡No diré nada! ¡¡¡Dejarme, no diré nada!!!

Apenas podía hablar. Cuando llegué delante del portal de mi casa, nevaba copiosamente. Es así como lo recuerdo.


Alcalá de Henares, 2 de febrero de 2009
Raitán