lunes, 23 de marzo de 2009

¡Adiós, amigos! ¡Hasta la vuelta! ¡Vacaciones!

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"Somos lo que pensamos. Todo lo que somos surge en nuestros pensamientos. Con nuestros pensamientos hacemos nuestro mundo". BUDA

"Sólo existen dos maneras de vivir la vida: una es como si nada fuera un milagro y la otra, como si todo lo fuera". A. EINSTEIN

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viernes, 13 de marzo de 2009

LO IMPREVISTO


Había encontrado la solución con tanto afán buscada. Tengo que aceptar que, después de leer el informe, toda mi fortaleza moral se vino abajo. Pero, pasados unos días, opté por no rebelarme contra mi destino. En primer lugar, ni quería ni podía reintegrarme a mi puesto de trabajo. Acababa de cumplir 58 años. Estaba separado. No tenía pareja estable y a mi ex mujer ni siquiera me atreví a llamarla porque cualquier relación con ella terminaba, siempre, de la manera más agria. Regalé mi coche. Ni quería ni podía conducirlo. Le entregué a “Cáritas” todas mis ropas de invierno, incluidos los edredones.

Afortunadamente, mis hijos ya no necesitan de mí. María Dolores, la mayor que es doctora en filología francesa, vive en París donde trabaja e iba a casarse con un italiano. Juan, el pequeño, es ingeniero informático y lleva cinco años viviendo en Holanda.

Emprendí una vida de restaurantes de lujo y me trasladaba en taxi para ir a cualquier parte e hice algunos viajes que siempre había deseado y nunca me había podido permitir. Poco a poco, fui gastando la mayor parte del dinero que el banco me había dado a cuenta del valor de mi vivienda. Lo que sobrara, para que mis hijos lo disfrutaran. Todo estaba bajo control.

Esta historia comenzó a principios de año. Había empezado a sufrir dolores abdominales cada vez más fuertes y de mayor duración. En pocos días, el color de mi piel se tornó amarillento. Lo que ponía en evidencia que estaba sufriendo una ictericia. Los dolores, sin embargo, no sólo no pasaban sino que se iban haciendo cada vez más intensos. Me fue diagnostica la presencia de una masa tumoral de cerca de 8 centímetros en el páncreas. Este tipo de cáncer es uno de los más devastadores y, como me dijeron los médicos, actualmente incurable.

Iba desmantelando mi casa, sin prisas, pues encontraba una extraña sensación de bienestar regalando todo aquello a lo que había estado más apegado, incluidos mis libros. Quienes me conocían empezaron a sospechar algo muy anormal en mi conducta. Creo que fue Arcadio, mi jefe del trabajo, el primero que se atrevió a pronunciar la palabra locura. Tampoco nadie comprendía por qué les decía:

--Quiero que tengas un recuerdo mío. Siempre me dijiste que te gustaba esta acuarela de Ibiza. ¡Tómala!

Llegué a contratar mi entierro y a dejar pagados mis funerales. Sin embargo, habían transcurrido los seis meses y aún seguía con vida a pesar de que mi tono vital era muy bajo y me sentía muy cansado. Volví al hospital para que me realizaran un control. ¡El tumor había desaparecido! No me he sentido más desconcertado en todos los días de mi vida. Creía que me estaba volviendo loco. No, no podía ser.

--Pero, vamos a ver, doctor. Aquí se me entregó un informe que decía que mis expectativas de vida eran de unos seis meses.

--Sí, eso es cierto porque, en ese momento, todo encajaba. Las pruebas lo confirmaron. Si algunas semanas más tarde se le hubiera practicado una biopsia, se habría descubierto que, en realidad, era una pancreatitis aguda. Cuando usted ingresó en nuestro hospital, arrastraba un número importante de pancreatitis recidivantes y lo extraño es que, en tales circunstancias, no hubiera fallecido.

--¡No es posible! ¡¡¡Tengo que morirme!!! ¿Lo entiende? ¡¡Haga lo que quiera pero mándeme al otro barrio!!

Esto era peor que el diagnóstico. ¡¡Y todo por ahorrar una biopsia!!!



Franziska
Alcalá de Henares, 10 de marzo de 2009

martes, 3 de marzo de 2009

PLANETA AZUL




En las profundas simas y en los inmensos roquedales de tu rugosa corteza, cobijas los colosales océanos: ellos son la enseña de nuestra Tierra. El agua que se impregna del color de nuestro cielo y da su nombre al Planeta que habitamos.



Al amparo de tu vientre fecundo, caminan, nadan, reptan y levantan el vuelo una pasmosa diversidad de seres vivos. Entre todas destaca una especie que pretende ser hija de Dios y, sin embargo, no logra que su estirpe se aleje de ese espejismo avaro del dinero que todo lo corrompe y justifica y en su nombre todo lo engrandece y magnifica.



Tú sabes que, al mismo tiempo que se desperdician y pudren los alimentos, aquí, en la Tierra, en este punto exacto de nuestra galaxia, mueren de hambre millones de seres. En nuestro afán por acumular riquezas, extinguimos preciosas, únicas, raras, especies de animales y plantas. Ahora, cuando la lluvia ácida agosta las cosechas, contamina el agua de lagos, ríos y mares, todavía no creemos que ha llegado el momento de acabar con los gases de efecto invernadero.



¿Cómo volvería a ser la vida si esta especie a la que, por desgracia, pertenezco y que se llama a sí misma “homo sapiens, sapiens” –para que quede claro lo hemos reiterado- desapareciera completamente de la Tierra?



¡Vamos, amigos, no debemos perder la fe! ¡Busquemos otros mundos porque infinito es el espacio! ¡Tiene que haber algún lugar donde volver a empezar! Antes de que hayamos acabado con todo, habrán transcurrido millones de años. Porque terminaremos destruyéndolo; en eso, no hay duda, somos sabios. Puede que, de este modo, nuestra linaje logre comprender –claro está, a su modo- que el calificativo de sapiens no era sino vulgar apodo.

Alcalá de Henares, 3 de marzo de 2009
Texto: Franziska
Imágenes: Internet