martes, 19 de noviembre de 2013

El enlace





En mi pueblo los días transcurrían con la monotonía propia de un lugar pequeño. Situado en las estribaciones de una montaña solo eran evidentes los días de niebla y los de sol, el calor y el frío. Que ni siquiera eran tema habitual de conversación entre los vecinos porque allí el clima se medía por: parece que vamos a tener buen año para la cosecha de alubias o no se va a dar bien la escanda.
 
Estaba anocheciendo y me fui con un cestillo a buscar arándanos. Los había encontrado antes y con más facilidad de lo que esperaba. De pronto, todos mis sentidos se alertaron pues llegaba hasta mis oídos un roce de pisadas cautelosas que provenía de un lugar muy cercano a mí y sin embargo, no veía a nadie. Me asusté ante la idea de que se pudiera tratar de algún animal salvaje que fuera a atacarme. El miedo me paralizó e intenté descubrir el sitio exacto en el iba a surgir lo que producía aquel leve sonido. Acababa de cumplir doce años y aunque me había advertido mi madre que nunca rebasara los límites del viejo molino cuando no fuera acompañada por personas mayores, aquel día había olvidado su advertencia entusiasmada con lo bien que se me estaba dando la recolección, y por una ladera, me había introducido monte arriba.

Apareció de pronto, estaba a escasos metros, descalzo, tenía una larga melena y una espesa barba negrísima que casi le llegaba a la cintura. Dijo con voz extraña y ronca que no me asustara. Es cierto que ver su rostro me tranquilizó, sin embargo, todavía era incapaz de articular la menor palabra.  Soy Tomás el del molinón. Tú no me conoces pero yo soy compañero de tu padre. Llevo horas esperando que aparecieras.  Él tiene fiebre y necesitamos limones y las yerbas que conoce tu abuela para curarle. No te asustes, sanará.  Díselo a tu madre pero no se lo cuentes a nadie más. Me quedaré por aquí cerca, esperando.

Así fue como descubrí el secreto mejor guardado por mi madre que nunca había querido contarme que mi padre se había echado al monte para salvar su vida.  A partir de aquel momento, quedó atrás mi vida de niña.  Siempre sola y con mi bicicleta en la que portaba un cestillo, me convertí en un enlace del que nadie llegó a sospechar. Mi padre contrajo una enfermedad que acabó con su vida. Lo enterramos en una cima: lo más cerca del cielo que nos fue posible. Sobre una peña cercana, pintamos una cruz. Aquel era el lugar donde podíamos ir a estar con él.  Según supe años más tarde, sus cuatro compañeros, a través de pasos de montaña, consiguieron llegar a Francia.

Alcalá de Henares, 19 de Noviembre 2013
Texto e imágenes realizadas por Franziska

domingo, 10 de noviembre de 2013

La prisionera








Escapar, salir de donde estaba prisionera era el único pensamiento que tenía tanto al  quedarme dormida como al despertar para, invariablemente, comprobar que seguía tras aquellos gruesos barrotes. Había conseguido aflojar uno, el que estaba más próximo a la pared, y  lo cubría con mi cuerpo durante el día. Aparentaba dormir cuando abrían la rejilla para dejarme la comida pero era solo una táctica, a la espera de un descuido de mi guardián.  Me convencí de que la noche era el momento más propicio para mi huida y por fin llegó la ocasión. Pude arrancar el barrote y salir. Escapé por la chimenea de la ventilación y mi sorpresa fue enorme cuando comprobé que no había alcanzado el exterior sino que estaba en otro lugar sin jaulas. Me dispuse a buscar la salida y los encontré allí, me llenó de terror la idea de que se pondrían a dar sus espeluznantes gritos y volverían a encerrarme. No tuve opción: su vida o la mía: tuve que estrangularlos. Conseguí escapar  y llegué al tejado. Libre, al fin. No fue complicado  alcanzar un territorio entre los árboles aunque aquel no era igual que el lugar en el que había nacido.  Recuperé la noche, la presencia de la luna y el brillo de las lejanas estrellas. Me apresté a cazar de nuevo, toda la vida corría nuevamente por mi cuerpo. Yo soy una pitón Seba,  lo tengo a gala. No he nacido para vivir en una jaula.


Alcalá de Henares, 10 de Noviembre de 2013
Texto e imagen realizados por Franziska
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Este relato nace de una noticia:  DOS HERMANOS DE  CINCO Y SIETE AÑOS HAN MUERTO ESTRANGULADOS POR UNA SERPIENTE PITON