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martes, 13 de julio de 2021

Marianela y la pierna ortopédica


El tercer aviso

 


Marianela se había levantado aquella mañana mucho más temprano que de costumbre.  Quería llegar pronto al centro de la ciudad para realizar algunas compras.  Iba a casarse dentro de pocos días y estaba muy agitada por las responsabilidades a las que, en breve, tendría que enfrentarse.

 

Se apeó del autobús en la Plaza de Jacinto Benavente y enfiló calle abajo por la de Carretas.  Una característica de esta calle es la de las numerosas tiendas dedicadas a la venta de ortopedia.  Mirando de soslayo, podía ver las fajas para hernias,  bragueros, suspensorios, cuñas, piernas, brazos y manos, ortopédicos. 

 


Se sentía horrorizada ante estas imágenes que eran como una llamada de atención a que, en cualquier momento, podría producirse una mutilación de cualquier parte del cuerpo.  Vinieron a su mente las pelucas y los ojos de cristal y cada vez avanzaba con mayor aturdimiento hacia un gran almacén próximo a la Puerta del Sol.  Abstraída como iba, tropezó al subir el bordillo de una acera y se hizo daño en el pie derecho.  Aguantó como pudo y trató de continuar su camino pensando en el bonito traje que quería adquirir para su viaje de novios.

 


Las sensaciones negativas se fueron desvaneciendo y empezó a fijar su atención en los escaparates de moda femenina que ahora le salían al paso con  profusión de imágenes,  diseños y colores.  Por fin llegó a la planta cuarta.  Estuvo casi cuarenta y cinco minutos mirando en todos los colgadores y consiguió seleccionar un par de trajes que le gustaron.

 Buscó los probadores, allí, una empleada dedicada al control,  le asignó el número 13.   Marianela, sintió que aquella compra tenía ya, de entrada, un mal agüero, no obstante, se dirigió al lugar indicado.

 


Abrió la puerta, soltó su bolso y colgó los trajes y empezó a desnudarse.  De pronto, como una pesadilla, sus ojos contemplaron con asombro, que en el espejo se reflejaba una pierna ortopédica. Giró la cabeza, allí estaba a su izquierda: erecta, apoyada sobre la pared, con sus correas y su oquedad escalofriante.

  Durante unos instantes, se sintió muy asustada.  ¡Santo Dios!  ¿Qué significaba aquello?  ¿Quién puede abandonar su pierna, por olvido, en  un probador?  Aquella situación no encajaba.  Todo parecía tan absurdo…

 


Por alguna causa que no comprendía, pensó que la pierna, de  manera extraña, parecía mirarla, amenazarla y querer advertirla de un serio peligro.  Aquel artilugio estaba allí por algún motivo y éste no podía ser otro que un vaticinio: si se casaba perdería su pierna derecha: eran ya dos avisos; primero, el tropezón y, por último este encuentro… Desechó con energía estas ideas, no obstante,   se vistió atropelladamente y devolvió las prendas que pretendía comprar sin haberlas probado. 

Salió apresuradamente en busca de las escaleras mecánicas.  Se sentía angustiada y confundida.  La bufanda, desnivelada sobre sus hombros,  se escurría peligrosamente hasta que, cuando estaba llegando al final del tramo, se deslizó sobre aquéllas y se enganchó con sus tacones, con tal mala suerte que Marianela, se dio de bruces contra el pavimento.  Cuando la ayudaron a levantarse del suelo, tenía la rodilla de la pierna derecha muy hinchada y sentía un fortísimo dolor.  Era el tercer aviso.

 

 


Alcalá de Henares, 13 de julio de 2021

Texto e imágenes realizados por Franziska 

 

 

9 comentarios:

Roselia Bezerra dijo...

Olá, querida amiga Franziska!
Como a amiga escreve bem com muita profundidade.
O caminhar de Manuela era cheio de imaginações e pensamentos que lhe deixavam pensativa.
Quando saio a caminhar, passo por um mundo de sensações também.
Cada coisa que se vê nos remete a algo do nosso subconsciente, muitas vezes.
Como no sonho...
Tenha dias abençoados!
Beijinhos carinhosos e fraternos de paz e bem

Teresa dijo...

Buen relato, me ha gustado. Besos.

Tomás B dijo...

Bien se puede decir aquello de que las armas las carga el diablo.

Saludos.

Anónimo dijo...

makasih atas artikelnya,


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Tais Luso dijo...

Que conto, quanta imaginação, Franziska!
O último episodio, da perna, eu teria saído correndo...Não iria arriscar mais nada!
Bom conto, amiga, fui lendo com curiosidade do começo ao fim.
Pobre Manuela...
Uma boa semana pra você, Franziska, com muita saúde.
Beijinho

Rajani Rehana dijo...

Mind blowing post

Volarela dijo...

Qué cuento más bueno, tiene mucha tensión... Me ha encantado. El final queda abierto... ¿Acabará llevando la pierna ortopédica? Todo indica que sí, pero igual la mujer tiene un problema de autosugestión que acaba provocando sus fatalidades.

Un abrazote :)

Marli Soares Borges dijo...

Um conto e tanto, Franziska! Prende a atenção do início ao fim.
Ah, os avisos e pressentimentos, o sexto sentido feminino. Sinceramente, se fosse eu, nem esperaria os três avisos, no segundo, daria as costas, e "pernas pra que as tenho!". Nada de dar chances para o azar!
Bjs
Marli

Marli Soares Borges dijo...

Um conto e tanto, Franziska! Prende a atenção do início ao fim.
Ah, os avisos e pressentimentos, o sexto sentido feminino. Sinceramente, se fosse eu, nem esperaria os três avisos, no segundo, daria as costas, e "pernas pra que as tenho!". Nada de dar chances para o azar!
Bjs
Marli