jueves, 27 de julio de 2017

SHIRLEY ANN JACKSON





Es la historia de una científica, una mujer afroamericana que tuvo la gran suerte de coincidir con la decisión histórica de la Corte Suprema en 1.954 que impuso la integración en las escuelas de los Estados Unidos. Contra todo pronóstico logró obtener un doctorado en física nuclear en el Instituto de Tecnología de Massachusetts.  Años más tarde,  fue la mujer a la que la revista TIME nombró como modelo más importante a seguir  en el ámbito de la ciencia.

Durante años, las escuelas permanecían segregadas y la calidad de la educación no era igualitaria.  Ella cuenta en una entrevista que le hizo la revista SCIENCE  que cuando comenzó su carrera había 45 mujeres en su curso que no querían sentarse con ella durante las comidas y también la rechazaban en los grupos de estudio. Completó su doctorado en la teoría de partículas elementales en 1.973 por lo que se convirtió en la primera mujer afroamericana en obtener un doctorado en física.


Algún tiempo después realizó trabajos de física teórica, en el Laboratorio Fermi, en Illinois y más tarde, en el Centro Europeo para la Investigación Nuclear, en Suiza.  Durante quince años trabajó en los Laboratorios Bell donde sus experimentos en física condujeron a numerosos avances en telecomunicación, incluidos el fax portátil, el teléfono de tonos, las celdas solares, los cables de fibra óptica y la tecnología tras el identificador de llamadas y la llamada en espera.



En el año 1.995 fue el presidente Bill Clinton quien la eligió para presidir la Nuclear Regulatory Commission donde se hizo cargo del control de la industria nuclear fuera del Ejército.  Ella creó la Asociación Internacional de Reguladores Nucleares (INRA) que es la encargada de examinar los problemas en asuntos de seguridad nuclear y de proporcionar asistencia a otras naciones en este tipo de asuntos.

“El descubrimiento científico y la innovación tecnológica son fundamentales para la seguridad mundial” afirmó Shirley Jackson después de ser elegida como miembro de la Junta Asesora de Barak Obama, en el año 2014.

Asimismo, dedicó parte de su actividad a la enseñanza ocupando un puesto de profesora en Rutgers. Su objetivo era incrementar la cantidad de estudiantes, especialmente mujeres y minorías e inculcarles una pasión por la investigación y el descubrimiento en el ámbito científico.

Algunas de sus distinciones son:

·        Women in Technology International,  en el año 2.000
·        Salón de la Fama de Mujeres en 1.998
·        Reconocimiento como una de los genios más importantes entre los 50 de los más importantes genios vivos, reconocimiento otorgado por The Best Schools.
·        La Medalla Nacional de Ciencias le fue entregada por el Presidente Obama.



Alcalá de Henares, 27 de julio de 2017

Las imágenes se han copiado de Internet en una página de su biografía.
El texto es un resumen organizado y escrito por Franziska, tomado en diveras fuentes.



Nota de la autora
Me la encontré, por pura casualidad, buscando información en Internet, me pareció muy interesante y, además, tengo que confesar que nunca había oído hablar de esta persona.  Está visto, el talento femenino existe pero las oportunidades han sido inexistentes, escasas o problemáticas.  El campo de la educación humana, en nuestro Planeta, está aún muy lejos de llegar a ser una realidad al alcance de cada ser que nace en él.  



lunes, 12 de junio de 2017

Norman Bethune un héroe canadiense



Hoy quiero presentaros a un héroe canadiense. Su nombre es Norman Bethune. Tengo que confesar que hasta el mes de febrero pasado yo no había oído hablar de él.  No es extraño porque este hombre llegó a España en el año 1936, a comienzos de nuestra guerra incivil.

Había tomado la decisión de abandonar su cómoda situación de Jefe de Servicio Médico del Hospital Sacré Coeur de Montreal para llegar a España como médico voluntario de las Brigadas Internacionales, donde creó el Servicio Canadiense de Transfusión de Sangre.

Es un médico creativo que ya había desarrollado instrumentos quirúrgicos innovadores para el tratamiento de la tuberculosis que él mismo había padecido.   Norman Bethune tenía el convencimiento de que era necesario realizar las transfusiones en el mismo campo de batalla. Con ese fin creó la primera unidad móvil de transfusiones de sangre del mundo, formando un equipo de ambulancias. Casi de forma artesanal adapta una furgoneta-ambulancia con un generador eléctrico y frigorífico, autoclaves para la esterilización y compartimentos para el instrumental necesario.


Norman Bethune vivió, durante su corta estancia en España, la experiencia traumática de un hecho que se ha querido soslayar y que fue silenciado durante la dictadura.  De esa experiencia escribió un relato llamado “El crimen de la carretera Málaga-Almería” al que se unen las fotografías realizadas por Hazen Sise que trabajaba en su equipo como conductor, y que dan testimonio de los hechos.

Norman se trasladó en el mes de febrero de 1937 desde  Valencia a Málaga para prestar ayuda a las tropas que defendían la ciudad del avance fascista. Como consecuencia de esa misión, fue testigo excepcional de uno de los episodios más dramáticos y desconocidos de la guerra civil española.

Se considera que unas 100.000 personas, aproximadamente, un grupo formado en su mayoría por heridos,  niños, mujeres y ancianos fueron masacrados durante su huída hacia Almería. Bombardeados desde el aire y se  disparó contra esa multitud desde los puntos de artillería de los puertos. La gente huía de la represión de las tropas franquistas y de las posibles represalias que caerían sobre ellos por haberse mantenido fieles al gobierno republicano. Vaciaron la furgoneta y recogieron al mayor número posible de personas para trasladarlas al hospital de Almería, estuvieron tres días sin descansar, tratando de salvar al mayor número posible de personas, en especial a los niños que muchos vagaban solos pues habían perdido a sus padres.

En el mes de junio de 1937 es cuando su gobierno adoptó la política de "no intervención", retirando las unidades brigadistas, entonces regresó a Canadá.   Sin embargo, se dedicó a  dar conferencias sobre los crímenes que había presenciado durante su estancia en España, recaudando fondos y voluntarios para luchar contra el fascismo de Franco.

Un año después, se marchó a China para ayudar a las tropas de Mao Tse-tung, tras la invasión japonesa. En China se destacó por no hacer distinciones entre las víctimas dando el mismo tratamiento  a los prisioneros japoneses heridos que a los combatientes chinos.


En 1939, durante una operación de urgencia, se produjo una herida en un dedo que tuvo la consecuencia nefasta de producirle una septicemia a consecuencia de la cual murió el 12 de noviembre de 1.939. Tenía 49 años. Una vida asentada sobre los ideales, que colman su existencia yendo más allá de cualquier ideal político, es altruista, desinteresado, solidario y tan generoso que toma sobre sus hombros la tarea de hacer un mundo más justo. Este hombre fue Norman Bethune.

En China se le venera, en numerosos lugares del mundo se recuerda su nombre y se le rinden homenajes. Los gobiernos de Canadá, China y España, acordaron organizar una exposición itinerante que se está exhibiendo en muchos lugares de España para que llegue al conocimiento de todos los españoles que este hombre excepcional estuvo a nuestro lado en uno de los momentos más tristes de la historia de nuestra nación.

Alcalá de Henares, 13 de junio de 2017
La información para elaborar este relato ha sido recogida en diversas fuentes de la web. Desde el mes de febrero estaba pendiente de compartirlo. Este hombre es Patrimonio de la Humanidad. Es mi opinión. Franziska

lunes, 15 de mayo de 2017

Monologo de Rosario Contreras





Algo que no me gusta es ser vieja. Porque la vejez es una traición y lo malo es que te coge mayor cuando ya no estás para nada…  y tiene sus complicaciones. No es suficiente con estar arrugada, además te conviertes en suegra. Recuerdo que antes de ser suegra, yo mostraba un rostro sonriente y parecía un poco inocentona aunque buena persona pero desde que, además de vieja soy suegra, he sufrido una metamorfosis.  Puedo enseñar dos fotografías: una  de antes; y otra posterior y veréis como es verdad.   Ser suegra imprime carácter.  Cuando llega tu hija con su novio a casa, por primera vez, te esmeras en  mostrarte como un ángel y hasta le preparas el mejor entrecot y ves que lo engulle mientras los demás (que comen un filetito tan fino que casi queda carbonizado al freírlo), ven cómo chorrea, por la comisura de sus labios, la sangre que aún fluye de la ternera. Después piensas: ¡qué que mal gusto ha tenido tu hija! pero bueno, pelillos a la mar...  Mientras no se casen, siempre hay esperanza. 
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Así es que, mujer muy práctica, al fin y al cabo, he decidido impulsar una ONG para la recogida de abuelitas bajo el lema de:

 “ponga una abuela en su vida”

Verá como, casi por encanto, usted se sentirá más joven, le brillarán más los ojos, su cutis será más terso, su cuerpo más ágil, su mente más despierta.

Instrucciones de uso de las abuelas:
Es necesario tener en cuenta que no hay que esconder a las abuelas en la cocina  y ni siquiera en el trastero, por grande que sea, cuando lleguen las visitas sino mandarlas a hacer algún crucero por el Mediterráneo, algún viajecito a las Azores, etc. 

Tener una abuela en casa mejorará la alimentación de la familia y se dejará de comer, a toda hora, esa bazofia creativa que últimamente pulula por las cocinas.  De verdad, háganme caso: “pongan una abuela en su vida”.  Si está despendola y es algo divertida y se va a la calle disfrazada de quinceañera, aún será más terapéutica.
  
Ya veis yo nací en 1934 y, a pesar de todo, estoy como una rosa. Es cierto que, algunas malas lenguas, aseguran que estoy en la edad de la mala memoria, la mala vista y el mal oído; pero yo no hago caso de patrañas… calculo que, a poco que las cosas esas del colesterol, la artritis reumatoide, la bilirrubina, la tensión, la caída del pelo,  no me incordien demasiado, podré llegar a vivir,  por lo menos, otros veinticinco años y voy a necesitar una ayuda así es que, a ver que les parece, voy a poner este anuncio:

Mujer de 83 años, reumática, con juanetes, discreto mostacho prusiano, poco pelo y mal humor, busca hombre joven, fuerte, con buena musculatura para que le suba la compra hasta un ático sin ascensor.  Se valoraría muy positivamente, dispusiera de coche y es indispensable que aporte a la sociedad una renta de 72.000 euros anuales pues con menos no se puede vivir.

El anuncio resulta un poco largo, tendré que pagarlo a plazos. Es que no me llega la pensión a pesar de lo que dice el gobierno.


Texto escrito,  el 7 de febrero de 2007


Alcalá de Henares, 15 de mayo de 2017
Publicado por Franziska en   "La tortuga de dos cabezas"
 



lunes, 27 de marzo de 2017

¿Un hombre cabal ?







Aquello me cogió por sorpresa.  Esa tarde estaba yo cerca del yacimiento arqueológico recién descubierto:  en la arboleda de los fresnos y había numerosos cantuesos florecidos que se desparramaban por la colina. Su penetrante aroma y la viveza de su florecillas rojas, imprimían en mi ánimo una imprecisa pero muy placentera sensación de libertad y hacía que disfrutase de algo muy puro que parecía emerger desde lo más profundo de la tierra.  La sinceridad que me caracteriza, me lleva a reconocer que soy una criatura mediocre que se intimida, con gran facilidad, ante hechos muy normales. Aprovecho mi tiempo de soledad para pensar en cosas inútiles y es por eso, que me parecía estar sintiendo el espíritu de los antiguos pobladores de estas tierras sin mácula: cuando aún los hombres vivían en armonía con la naturaleza. 

 A lo lejos, una figura humana se movía avanzando por el   sendero que conduce a la fresneda.  Algo en aquella persona me resultaba tremendamente familiar pero ni, por lo más remoto, se me ocurrió pensar que era Ramón, el Tato,  quien se estaba acercando. Curiosa, lo seguí con la vista. Era un lugar muy solitario porque en aquella zona no se practicaba el cultivo  de huertas ni tampoco se trabajaba todavía en el yacimiento.  Me sentí desprotegida y fue esa idea la que me hizo ocultarme en la arboleda y alejarme del sendero. Tratando de impedir cualquier movimiento que delatara mi presencia,  me senté en el suelo.  Absorta en el canto de pájaros por mi desconocidos, no me dí cuenta de cuánto tiempo había transcurrido. De pronto, apareció ante mí el rostro atezado de Ramón que dijo:

-¡Cómo te escondes!  Y con voz melosa   continuó diciendo que me sentaba muy bien la vida en el pueblo y que estaba preciosa.  Pero en aquellas palabras se percibía un tono insolente  aunque pretendía parecer benévolo.   No es que yo quiera tergiversar las cosas como luego él sostuvo ante quien quiso escucharle.  Al fín y al cabo, yo sólo era una forastera y nadie sabía cómo era mi vida en la gran ciudad… Ramón, sin embargo, tenía fama de hombre serio: buen marido y padre de familia ejemplar.



Sentía miedo.  Algo me avisaba del peligro en el que estaba.  Al alcance de mi mano hallé una piedra que recogí sin dudarlo.  Me levanté  sin decir ni una sola palabra porque mi garganta soportaba una tensión tal que no podía hablar. Sólo pensaba en poner tierra por medio y comencé a correr: aún era joven y ágil.  También él, en silencio, comenzó a perseguirme.  Justo cuando llegué al camino, me alcanzó y para entonces ya se había deteriorado completamente   su aparente conducta melosa, de su boca salían las más atroces palabras.  Yo aún sostenía la piedra en mi mano derecha.  Con una furia tremenda se abalanzó sobre mí y yo me defendí con la piedra.  Mi golpe debió ser brutal ya que ví como la sangre chorreaba de su cabeza y me soltaba dando alaridos…Corrí, corrí y corrí como nunca lo había hecho: como nunca volveré a hacerlo.  La guardia civil tuvo que subir a recogerlo.  A mí, no sé si todos me creyeron.
Alguien extendió la sospecha de que había sido una cita y, a partir de ella, cualquier cosa era posible que hubiera sucedido. ¿Qué andaba yo buscando en un lugar como aquel? 




Este cuento, de corte realista, fue escrito el 11 de mayo de 2012, para el taller literario "Letras mágicas"

Alcalá de Henares, 27 de marzo de 2017
Como siempre el texto y las imágenes han sido realizadas por Franziska 

 

Cuento escrito en el mes de mayo de 2012  para el taller de "Las letras mágicas"

sábado, 11 de marzo de 2017

EN LOS TIEMPOS DE INTERNET






Irene llegaba de un mundo en el que la palabra querida tenía un significado peyorativo; y otro importante: era una declaración de amor. Lo mismo sucedía cuando la gente se besaba y se abrazaba.    Por eso se vio sorprendida cuando comenzó a recibir correos en los que se leían palabras  como preciosa, amor, querida, maravillosa y otras semejantes. Como nada pasa sin dejar su huella, Irene se subió a unos zapatos de tacón con los que se bamboleaba peligrosamente.  Ella que nunca se había maquillado pues no le gustaba a su Juan, y ante el estupor de familiares y amigos, se aplicó rimel en las pestañas y sombra en los párpados para dar profundidad a sus ojos.  Carmín, en  los labios y un discreto colorete. Se tiñó el pelo con unas graciosas rayas de color dorado. Comprobó que aún resultaba una mujer moderna y atractiva.



¿Cuál había sido el detonante?  Pues tenía un nombre y se llamaba Ramón.  Le conoció en el grupo de teatro de aficionados de la tercera edad. Otra de las pasiones de Ramón, era la escultura.  También estaba viudo, según decía él.  Sin saber como, poco a poco, Irene se fue entusiasmando con Ramón. El trato con él fue impregnándola de un sentimiento de total plenitud, de ser aceptada, de sentirse compenetrada sin que pudiera saber por qué se había producido. Le parecía un hombre necesitado de afecto que presentaba un aspecto muchas veces desastrado y, no pocas veces, desaseado.  Su salud tampoco parecía óptima.  Un día cuando lo vio caminar ligeramente encorvado y casi cojeando, se sorprendió con un sentimiento de ternura hacia él y pensó que se había enamorado. 


El conflicto comenzó a partir de ese momento.  Pensó encargarle una de sus pequeñas esculturas, una idea realizada en hierro que representaba una niña tratando de alcanzar un pajarito. Significaba para ella un tesoro tener algo que él hubiera realizado con sus propias manos. Y aunque su pensión de viuda era muy escasa, no reparó en sacrificios hasta que reunió los 500 euros  que valía.  Desde que le encargó que la realizara hasta que, al fin, estuvo lista, fue un tiempo de maravillosas palabras, tonos de cariño, atenciones, y un sinfín de arrumacos.  Sin embargo, ella no albergaba ninguna duda de que entre los dos estaba fraguándose algo hermoso.


Irene se quedó apabullada al comprobar lo distante que se mostró Ramón el día que le pagó su escultura.  Cesaron los correos.  Dejó de acudir a los ensayos con la excusa de que tenía que ocuparse de una anciana tía. Finalmente desapareció sin dejar rastro.


Cuando pudo reflexionar, comprendió que habían sido sus deseos los que le habían tendido una trampa. Su error nació de la ignorancia.  Los usos sociales se habían modificado significativamente. Que el amor era un sentimiento cada vez más confundido con el sexo y que la sociedad, a cada paso, lo iba devaluando más.  Se refugió en la pintura y encontró en la ejecución de las acuarelas un mundo espectacular, lleno de belleza y emociones.  Estaba decidida a no volver a entregar su corazón a  ningún espejismo.  Durante un tiempo creyó que había recuperado su libertad y que era nuevamente feliz.  Sin embargo, en su rostro se vislumbra, cada vez con mayor claridad,  una marcada melancolía.






Alcalá de Henares, 11 de marzo de 2017
Texto e imágenes realizadas por Franziska para 
LA TORTUGA DE DOS CABEZAS
El cuento corresponde al 9 de marzo de 2012 y las fotografías son muy recientes.


 


martes, 21 de febrero de 2017

El móvil





A Álvaro Fernández de Lirio le ha sorprendido una furiosa tormenta mientras estaba en el jardín.  Era de noche.    A juzgar por la temperatura que marcaba el barómetro, eran sólo tres grados pero la sensación de frío era mayor porque soplaba un viento gélido.  Sin embargo él no acusaba ningún malestar.  Se sentía flotar. 
 
Le parecía extraño ver a su mujer vestida de negro y sin maquillar.  Tiene un rostro muy serio, y mirándola con atención, parece como, si en algún momento, hubiera llorado  Me sorprende.  Habría jurado que mi marcha le había producido como… un cierto alivio. Ayer no hablaba con nadie, pero su semblante reflejaba una profunda paz.  ¿A qué vendrán ahora estas lágrimas? 
¡Caramba! ¡Bonita caja!  Fuerte: de buena madera, barnizada y forrada por dentro; por añadidura, lacada  en negro. Ha debido de costar  un dineral este empingorotado entierro.  ¡Seis candelabros, ocho coronas con claveles blancos y un montón de floripondios y cintas!   ¡Qué despilfarro, querida, pensar que te gastas, tan fresca, el dinero que tanto trabajo me ha costado ahorrar!  Me irrita toda esta parafernalia montada para quedar bien con tus conocidos y supongo que, aún, con mi familia.

Ahora va a sonar mi móvil.  Efectivamente, se oye su insistente llamada dentro de mi ataúd.  Todos se miran desconcertados.  Parecen asustados.  Laura reacciona, recuerda las instrucciones de que debía permanecer a mi lado, encendido. Esta obsesión me ha acompañado toda la vida.  Así es que tomé buen cuidado de que se cumpliera mi última voluntad.
 ¡Cuántas veces he soñado que me enterraban pero que, realmente, no estaba muerto!  Me veía, en la aterradora oscuridad de mi féretro, aullando de dolor y de miedo ante la perspectiva de una muerte, por fin, cierta y mucho más espantosa y cruel que cualquiera de las circunstancias por las que había pasado.

Laura que se mostraba comprensiva al principio de nuestro matrimonio, terminó por  imponerme unas sesiones con cierto sicólogo del que yo siempre me sentí celoso a causa de la manera en que ella aceptaba todas sus estúpidas opiniones.  Tres años de terapia: una ruina económica  y lo único que conseguí fue atesorar rarezas  Al cabo de tres años, había logrado convertirme en un perfecto maniático.  Mi vida se llenó de rituales.  Por ejemplo:  no podía derramar el champú en el cuarto de baño, -ni siquiera una gota- porque aquello me aseguraba que aquel día resbalaría al entrar en el despacho del director general, y sin lograr enderezarme, iría a estrellarme contra la secretaria que siempre permanecía de pie, en espera de las últimas instrucciones.  Cuando se repitió este accidente por tercera vez,  la secretaria corrió despavorida a esconderse debajo de la mesa del director.  Al no estar la secretaria como barrera que lo impidiera, fui lanzado, como una catapulta, contra la librería y esta vez acabé con un brazo en cabestrillo y un montón de chichones pues el golpe fue tan violento que  me cayeron, de canto,  encima de la cabeza varios tomos de la enciclopedia  ilustrada “El mundo de los animales”.

Las consecuencias no se hicieron esperar. El director tomó  la decisión de enmoquetar su despacho y de nombrarme director general de archivos y biblioteca de la empresa. El trabajo no podía ser más rutinario y modesto porque, además, era el jefe de mi mismo.  Al tiempo que mis precauciones florecían por doquier, mi vida iba convirtiéndose en un sobresalto continuo y mi querido psicólogo, ante la evidencia de su fracaso,  terminó por aconsejarme la visita a un siquiatra que pudiera ayudarme a superar las continuas angustias en las que me hallaba sumido. A partir de ahí, mi vida fue un infierno pues el colmo de mis males llegó con esta última iniciativa.  Bajo los efectos del Trankimazin que debería servir para tranquilizar como su nombre quiere indicar, y del Orfidal para dormir, me pasaba todo el día somnoliento.  Tuve que dejar de conducir y me quedaba dormido en cualquier parte menos en la cama.  Como en tales circunstancias era muy difícil que funcionara el archivo, pues yo mezclaba los documentos correspondientes a varios clientes y los guardaba en otro sitio que no tenía nada que ver con ninguno de los expedientes, es decir, los hacía ilocalizables, entró a trabajar, a mis órdenes, Celia una pontevedresa muy simpática y persuasiva que, puesta al tanto de mis problemas, tomó la sabia decisión de decirme que ella tenía la solución idónea.  Dijo, con una amable sonrisa y mirándome abierta y sinceramente a los ojos:

--Se ha inventado el móvil para algo.
¡Dios se había apiadado, finalmente, de mis terrores!  Desembarazado,  al fin, del psicólogo y del siquiatra pude volver a centrarme en el trabajo y a conseguir unos buenos ahorros.  Celia: trabajadora eficaz y alegre, fue enseguida propuesta -y aceptado de buen grado por la dirección-, para un reconocimiento en su categoría laboral, pasó de auxiliar a oficial de 1ª,  con el correspondiente aumento de sueldo.  Por cierto, no la he visto en el tanatorio…










Alcalá de Henares, 21 de febrero de 2017
Texto y fotografías realizados por Franziska para
LA TORTUGA DE DOS CABEZAS

Este cuento fue escrito en el mes de noviembre  del 2006, bajo el seudónimo de Raitán.