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lunes, 23 de agosto de 2021

LAS ESTRATEGIAS DE SARITA

 



Puede parecer una tontería pero, realmente, era un asunto muy serio: se había convertido en una pulsión.  Cuanta más comida compraba, menos consumía y más alimentos se pudrían, pues era difícil acceder a todos los rincones del frigorífico.  No tenía sentido, además, mi economía no daba para grandes dispendios.  

Quiero ahorrar la prolija exposición de mis sesiones con la psicóloga y de las insinuaciones que me hacía la experta. 

 

¿De qué me servía saber que todo mi problema se había gestado en los años de mi infancia, en tiempos de extrema escasez?  Pero ¿qué tenía que ver mi vida actual con tiempos tan pretéritos?  Así, las cosas se fueron complicando más cada vez.   Comencé a acaparar en el aparador, en la despensa y hasta en los armarios de la ropa guardaba las cajas de las galletas y las latas de conservas que alcanzaban su fecha de caducidad sin haber sido usadas. 

 

La terapia no me daba ningún resultado y aunque me advirtieron que debía tener paciencia, mi sicoterapeuta acabó por decirme que, quizás, fuera conveniente que el siquiatra me recetara algún tranquilizante y que debía visitarle.

 

--Entonces ¿es que estoy loca?

 

-- Bueno, no es eso pero, a veces, hay que buscar una ayuda.

 

¡Vamos, pues sólo me faltaba eso!  No sólo se llevaba una buena parte de lo que yo ganaba trabajando sino que, además, incapaz de ayudarme, me desviaba a un siquiatra.  Pues hasta ahí podíamos llegar... ¡Qué no, ni hablar! Dispuesta a tomar cartas en el asunto, subí a mi despacho, preparé un plano señalando en rojo las zonas de peligro, es decir, los lugares donde se vendía comida. 

 

Ante esta perspectiva me sentí tan bien como casi no recordaba haberme encontrado en todos los días de mi vida.  Salía de casa mirando al frente, por la acera de la derecha y tenía que caminar unos diez metros aproximadamente, antes de realizar el primer cruce. Como me pareció que llevar la cinta métrica y medir distancias podría resultar chocante, decidí contar pasos, así es que con el croquis en la mano y contando mis zancadas iba mirando al suelo y, de pronto, me trasladaba bruscamente a la acera de enfrente. De este modo dejé a más de una persona conocida, boquiabierta, porque cuando iba a saludarme me veía cruzar sin reparar en ella.  Mis compañeros, el portero del edificio, los camareros  de las cafeterías y dueños de tiendas próximas que me conocían como una persona muy sociable, no salían de su asombro.

 

FIN DE LA PRIMERA PARTE,  CONTINUARÁ

 


Alcalá de Henares, 23 de agosto de 2021
Cuento e imágenes realizados por Franziska para 
EL JUEGO DE LA PALABRA DADA
PALABRA:  PULSIÓN
DADORA: SONIA

6 comentarios:

chica dijo...

Interessantes as estratégias de Sarita para fugir do seu problema.Hilárias até e imagino os amigos e conhecidos... Que lindas fotos! Saõ tuas? beijos, tudo de bom,chica

Rajani Rehana dijo...

Mind blowing post

Tomás B dijo...

Una estrategia muy peculiar para evitar la compra de ciertos productos.

Saludos.

Teresa dijo...

Me ha gustado lo que he leído, esperando la continuación. Besos.

rere dijo...

Thanks for sharing

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Mónica Pin Álvarez dijo...

Estimada Franziska.
Que historia tan estratégica.
Me pregunto ¿cómo tienes esta gran imaginación y esa habilidad tan grande para redactar. Me encantaría escribir como tu. Es una gozada. Es magnífico. Eres un tesoro con las letras.
Espero que vuelvas a escribir otra historia más.
Un abrazo de buenas noches