VRINDAVAN, LA CIUDAD DE LAS VIUDAS
El “sati” o la antigua tradición hinduista en la que la viuda se suicidaba saltando a la pira funeraria de su difunto marido, comenzó a erradicarse durante la colonización inglesa y hoy está prohibido en las leyes de la India independiente.
Sin embargo, la sombra de tal tradición persiste. Cuando las mujeres quedan viudas, las familias las expulsan de casa porque no quieren hacerse cargo de ellas. A los parientes políticos no les conviene que la viuda reclame la parte de sus derechos de propiedad, como la casa y la tierra que pertenecían al esposo. Algunas veces crean el rumor de que es un peligro para la sociedad, como que es una bruja o una mujer fácil, para que así se vea obligada a abandonar su casa. La gente de las aldeas es simple y supersticiosa. No quieren a una bruja en su entorno, así que la excluyen.
Las viudas en la India tienen derecho a heredar según las leyes, pero en muchos casos, son sus propios hijos y la familia política los que abusando, mediante acoso y tortura, se quedan con las propiedades. El Gobierno concede una pensión de viudedad de 400 rupias al mes (unos 6,30 euros) pero, además de ser una cantidad ínfima, tampoco llega a todas. En Vrandivan, la ciudad santa donde creció Krishna, por ejemplo, sólo una cuarta parte de las viudas la recibe. La burocracia hace muy difícil para las mujeres, analfabetas en su mayoría, exigir la pensión. Muchas no saben ni siquiera que tal opción existe.
Una mujer que ha perdido a su marido debe permanecer en duelo el resto de su vida, según las tradiciones hinduistas más conservadoras. Debe olvidarse de sus coloridos saris, no llevar ningún ornamento y cortarse todo el cabello. También su comida debe ser insípida, sin condimentos o carnes que puedan despertar su libido. Una viuda no es bienvenida en las fiestas porque se juzga su presencia de mal agüero. La gente rehúye su presencia porque las considera tan peligrosas que hasta su sombra podría traer desgracias. Se las culpa de la muerte de sus esposos.
Así es que, arrastradas por la pobreza o repudiadas por su familia, miles de mujeres llegan a Vrindavan: un territorio que parece olvidado por el tiempo, y es, en cambio, un lugar al que van a parar las mujeres a las que nadie quiere ya. Según el hinduismo, el dios Krishna pasó allí su infancia; por eso, para muchas ramas de esta religión, entre ellas los Hare Krishna, éste es un sitio sagrado. Cientos de templos, de todos los tamaños y formas, se extienden por sus calles medievales.
Se tiene la creencia de que quienes mueren en Vrindavan se liberan del eterno ciclo de la reencarnación, por lo que es un centro de peregrinación para creyentes y santones. Las viudas también se encomiendan al dios de piel azul, al que consideran su “esposo espiritual”, así es que sobreviven mendigando en esta ciudad por un poco de comida mientras esperan su muerte. Algunas son viejecitas a las que el tiempo ha menguado los huesos, les ha llenado los ojos con cataratas o les ha quitado los dientes. También hay jóvenes, algunas incluso menores de edad. Todas comparten la misma desgracia: ser viudas en la India. El inmenso territorio de India también tiene algunas excepciones.
En algunas ciudades pueden trabajar pero siguen siendo la gota en el océano. Cuarenta y cuatro millones de viudas es una cifra que impresiona.
Esta historia me ha hecho recordar a las palomas –pero aquí no hay diferencias entre machos y hembras como pasa entre hombres y mujeres- y se aparean de por vida. Las aves viudas tardan mucho tiempo en aceptar una nueva pareja y algunas se dejan morir ante el dolor de la perdida.
Noticia vista en “Il corriere Della sera”
Las imágenes de las palomas han sido realizadas por Franziska
Alcalá de Henares, 8 de abril de 2011
Este es u n blog que se abrió como consecuencia de un cambio de correo electrónico. Estaba entre nuestras costumbres publicar noticias raras, curiosas al menos pero era un proceso de "segunda mano" puesto que a mi las noticias me llegan a través de los medios convencionales pero claro, son aquellas historias que no tienen ningún soporte político ni publicitario y que la prensa toca solo de pasada, sin darle mayor importancia.
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viernes, 8 de abril de 2011
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