Aquel día hacía un calor
insoportable. Aún me faltaban treinta
minutos, caminando a buen paso, para llegar a casa. Sentía una sed acuciante. Decidí entrar en el primer bar que me
encontrara en el camino. Inesperadamente
hallé uno nuevo que ocupaba un antiguo local de tapicería. Entré sin reparar que al fondo sonaba una
música muy suave y que algunas parejas estaban bailando. Pedí una botella de
agua mineral y me senté en una mesa cercana al mostrador. No puedo recordar cómo pero, sin pensarlo, me
dirigí a la pista y comencé a moverme siguiendo el ritmo que marcaba la
música. De entre las sombras, surgió
él. No podía creerlo. Llevaba, como siempre, su sombrero de fieltro negro y sonriendo
abiertamente se dirigió a mí invitándome a bailar. Hizo una señal a la orquesta
y comenzó a cantarme suavemente, con esa voz apasionada y hermosa que él tiene,
I´m your man. Bailábamos enlazados. Su mano derecha
suavemente posada sobre mi cintura dirigía el baile y yo sólo me dejaba llevar
por todas las sensaciones que en aquél momento me dominaban. Algo mágico y
realmente extraordinario estaba sucediendo. Al fondo y sobre el techo ví al dios Cupido apuntándome con sus flechas
doradas y sonriéndome con picardía. ¡No
era posible Cupido no es más que un mito! Pensé. Tienen que ser consecuencias del terrible
calor y de la sed que he soportado esta mañana.
Volví a mirar para cerciorarme pero la imagen había desaparecido. Leonard, pues era él, sin ninguna duda,
seguía cantando muy cerca de mi oído, mi canción preferida. Nunca he admirado a ningún hombre mayor tanto
como a él y ahora él, me estaba musitando las más bellas palabras que un hombre
puede decir a una mujer a la que ama: I´m your man.
Me retuvo suavemente entre sus
brazos y posó sus labios en mi hombro izquierdo. Sentí un placer inmenso y una
oleada de intenso calor, algo muy semejante al fuego y creo que ese beso se
grabó sobre mi piel, atravesó el tejido de mi blusa y se ha quedado conmigo
para siempre.
-¿Señora, perdone, se encuentra
bien?
Abrí los ojos y todavía muy
confusa respondí:
-Sí, gracias, he debido quedarme
traspuesta.
No salía de mi asombro al comprobar que el sonriente
camarero tenía la misma cara que el dios Cupido y que al fondo del local no había nadie, el bar estaba completamente vacío
y tampoco existía la pista de baile.
Todo había sido un bello sueño.
Pagué y me dispuse a continuar mi caminata. La impresión había sido tan
real que mi cerebro tardó algún tiempo en asimilarlo. Nunca podré aclarar que pasó porque mientras
hacía el camino hacia casa sentía el beso de Leonard quemando mi piel. Y desde
entonces, siempre que lo recuerdo, con mi mano derecha trato de aprisionar la
sensación. Y, además, la sonrisa de
aquel extraño camarero de ojos intensamente azules, cabello ensortijado y
rostro barbilampiño... Una alucinación sí pero ¿y el beso…?
Alcalá de Henares, 8 de diciembre de 2016
Texto e imágenes realizados por Franziska para publicarse en
"LA TORTUGA DE DOS CABEZAS"
Nota
El texto del cuento fue escritopor mí el día
26/08/2012 y las tres
imágenes de la Luna realizadas , en diferentes momentos de este año que está concluyendo.
Tengo que admitir que, a lo largo de estos años, he dedicado muy poca atención a los relatos breves. Sin embargo, he ido escribiendo alguno de vez en cuando. Así es que, por el momento, utilizaré esta página que nunca dediqué a intereses personales, a ir dando a conocer mi pequeña obra. Espero que sepáis perdonarme. Nada de lo que yo tenga que relatar en mis cuentos tendrá nunca el interés que tiene la vida de algunas de esas mujeres que he ido presentando y de las que, afortunadamente, hay muchísimas más de las que podremos continuar hablando. El mundo de las mujeres es inagotable, pese a quien pese y está lleno de pasión y autenticidad.
Este cuento de hoy no es el primero escrito por mí y ha sido elegido porque hace pocas semanas hemos perdido al protagonista de este sueño, el admirado Leonard Cohen.









